Lista para bailar con un ridículo traje rosado. Mamá sonreía. En el gimnasio retumbaban otros pasos todavía, y por mientras, nosotras acomodábamos los pies quemados en el camarín calipso.
Lista para bailar con una ridícula corona de princesa. Con un pelo rubio de escoba. Y con las manos de niña me froté los ojos azules; el maquillaje se despegó completamente de mi cara...y lo que ví después de eso tampoco era yo.
"Mamá, ya no puedo ver bien".
En dos ínfimas cárceles un panel blanco sin azul. En dos huevos blancos 6 córneas deformes e inútiles habían reemplazado, habían arruinado.
"Mamá, no puedo ver, se me achican los ojos"
"Hija, vas a tener que salir a bailar así no más" dijo mi mamá, buscando aprobación en una amiga de ella que nos había acompañado.
El viento comenzó a soplar más fuerte desde adentro de la piel, reclutándome al vuelo bruto y condenado. La profesora llegó a buscarnos a todas, pronto tendríamos que bailar; nos gritó fuerte para que -como siempre- corriéramos desde un extremo del camarín al otro antes de salir. Yo corría de polilla, de peluza. Corría gritando como las otras gritaban, con alas de insecto y 6 retinas.
Después de correr de aqui para allá, ellas se fueron corriendo al escenario. Pero yo me quedé debajo de un banquito, en un capullo peludo y gris, respirando el húmedo café del gimnasio, embetunado de tul rosado.
Mamá suspiró desde lejos por sus manos agujereadas en vano.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)