Al salir del blanco se infla y se eleva despacio, mientras bajo tierra miles de soldaditos clavados marchan sobre gusanos.
La condición ya no es justa ni injusta. Y le gustaría tener los párpados verticales para salir a caminar.
A donde? hay muchos y muy pocos lugares. Muchos lugares obligados. Las cosas viejas se han vuelto nuevas. Los intrasegundos se prenden amarillo. Miles de millones de dientes ¿se secan alguna vez?
Maldad por ingenuidad. Es la única opción.
Invisible, consternada, las tripas afuera. ¿Cuando pasó eso, antes o después?
Esa es, la gusana clavada...bien soldada y reforzada con jalea.
Rodando para arriba. Acostada y con el pelo brillante, envuelta en una bolsa que se come las peluzas.
Donando disponibilidad. Estrecha disponibilidad.
A donde fue ahora? No es importante.
jueves, 4 de junio de 2009
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Seis
Lista para bailar con un ridículo traje rosado. Mamá sonreía. En el gimnasio retumbaban otros pasos todavía, y por mientras, nosotras acomodábamos los pies quemados en el camarín calipso.
Lista para bailar con una ridícula corona de princesa. Con un pelo rubio de escoba. Y con las manos de niña me froté los ojos azules; el maquillaje se despegó completamente de mi cara...y lo que ví después de eso tampoco era yo.
"Mamá, ya no puedo ver bien".
En dos ínfimas cárceles un panel blanco sin azul. En dos huevos blancos 6 córneas deformes e inútiles habían reemplazado, habían arruinado.
"Mamá, no puedo ver, se me achican los ojos"
"Hija, vas a tener que salir a bailar así no más" dijo mi mamá, buscando aprobación en una amiga de ella que nos había acompañado.
El viento comenzó a soplar más fuerte desde adentro de la piel, reclutándome al vuelo bruto y condenado. La profesora llegó a buscarnos a todas, pronto tendríamos que bailar; nos gritó fuerte para que -como siempre- corriéramos desde un extremo del camarín al otro antes de salir. Yo corría de polilla, de peluza. Corría gritando como las otras gritaban, con alas de insecto y 6 retinas.
Después de correr de aqui para allá, ellas se fueron corriendo al escenario. Pero yo me quedé debajo de un banquito, en un capullo peludo y gris, respirando el húmedo café del gimnasio, embetunado de tul rosado.
Mamá suspiró desde lejos por sus manos agujereadas en vano.
Lista para bailar con una ridícula corona de princesa. Con un pelo rubio de escoba. Y con las manos de niña me froté los ojos azules; el maquillaje se despegó completamente de mi cara...y lo que ví después de eso tampoco era yo.
"Mamá, ya no puedo ver bien".
En dos ínfimas cárceles un panel blanco sin azul. En dos huevos blancos 6 córneas deformes e inútiles habían reemplazado, habían arruinado.
"Mamá, no puedo ver, se me achican los ojos"
"Hija, vas a tener que salir a bailar así no más" dijo mi mamá, buscando aprobación en una amiga de ella que nos había acompañado.
El viento comenzó a soplar más fuerte desde adentro de la piel, reclutándome al vuelo bruto y condenado. La profesora llegó a buscarnos a todas, pronto tendríamos que bailar; nos gritó fuerte para que -como siempre- corriéramos desde un extremo del camarín al otro antes de salir. Yo corría de polilla, de peluza. Corría gritando como las otras gritaban, con alas de insecto y 6 retinas.
Después de correr de aqui para allá, ellas se fueron corriendo al escenario. Pero yo me quedé debajo de un banquito, en un capullo peludo y gris, respirando el húmedo café del gimnasio, embetunado de tul rosado.
Mamá suspiró desde lejos por sus manos agujereadas en vano.
domingo, 18 de noviembre de 2007
Segunda parte
Los codazos de esa loca que apenas conocía me tenían harta. La noche estaba demasiado azul oscuro para quedarse, la gente demasiado alejada de la Tierra... el baile sofocado de borrosos cuerpos me aburría enormemente.
- "Vámonos por fa, voy a llegar tarde", le dije.
- "Sí...dale. Pero por que no te vas con él". Y atrajo a la fuerza a un adulto que se camuflaba en el cuerpo de un niño, con polera a rayas...amarillo y plomo, amarillo y plomo.
A pesar de que ya caminaba hacia la salida sabía que a mis espaldas, mi amiga lo miraba con los ojos bien abiertos; que me llevara -le decía-, que hiciera aquello que....
Al fin. En el auto, con el sujeto. Partimos, y me hinché completa del cielo que había retrocedido hasta las 7 de la tarde. Azul y rosado, azul y rosado. Esperaba alcanzar a llegar, para verlo aunque fuera unas horas.
- "Espera. Es para arriba, doblaste mal". Le dije, cuando tomo la línea equivocada al final de la calle.
- "Ah. Pero podemos bajar y luego ir hacia la cordillera de nuevo".
- "Tengo que llegar pronto para alcanzar a verlo. Él me está esperando". Dije preocupada.
Amarillo y azul, amarillo y azul a las 2 de la tarde. Y me puse a confiar en aquél desconocido poco a poco. Le conversaba mientras palpaba mi débil dentadura frente al espejo del co-piloto. Pero me quedé en silencio cuando, al forzarlo, me saqué un diente sin querer. Inmediatamente dejé de tocarlos, y me puse a mirar el espacio vacío que quedaba...sonreí...blanco y negro, blanco y negro. No se veía tan mal después de todo.
- "Acostumbrate. A gente como nosotros siempre nos pasan esas cosas". Me dijo el tipo, riendo.
Y seguíamos bajando. A las 10 de la mañana, a las 9,8,7,6,5,4,3...no iba a alcanzar, ¡lo supe desde el final!. Y en el blanco en blanco del cero me quedé en ese ahora...un poco resignada, mientras veía que de bajar tanto por las calles, ya habíamos llegado hasta mi casa. Mi acompañante estacionó el auto en Plaza Egaña y me acompañó de la mano hasta el comienzo, a pesar de que mi mente seguía pensando ...
"Azul y rosado, azul y rosado".
- "Vámonos por fa, voy a llegar tarde", le dije.
- "Sí...dale. Pero por que no te vas con él". Y atrajo a la fuerza a un adulto que se camuflaba en el cuerpo de un niño, con polera a rayas...amarillo y plomo, amarillo y plomo.
A pesar de que ya caminaba hacia la salida sabía que a mis espaldas, mi amiga lo miraba con los ojos bien abiertos; que me llevara -le decía-, que hiciera aquello que....
Al fin. En el auto, con el sujeto. Partimos, y me hinché completa del cielo que había retrocedido hasta las 7 de la tarde. Azul y rosado, azul y rosado. Esperaba alcanzar a llegar, para verlo aunque fuera unas horas.
- "Espera. Es para arriba, doblaste mal". Le dije, cuando tomo la línea equivocada al final de la calle.
- "Ah. Pero podemos bajar y luego ir hacia la cordillera de nuevo".
- "Tengo que llegar pronto para alcanzar a verlo. Él me está esperando". Dije preocupada.
Amarillo y azul, amarillo y azul a las 2 de la tarde. Y me puse a confiar en aquél desconocido poco a poco. Le conversaba mientras palpaba mi débil dentadura frente al espejo del co-piloto. Pero me quedé en silencio cuando, al forzarlo, me saqué un diente sin querer. Inmediatamente dejé de tocarlos, y me puse a mirar el espacio vacío que quedaba...sonreí...blanco y negro, blanco y negro. No se veía tan mal después de todo.
- "Acostumbrate. A gente como nosotros siempre nos pasan esas cosas". Me dijo el tipo, riendo.
Y seguíamos bajando. A las 10 de la mañana, a las 9,8,7,6,5,4,3...no iba a alcanzar, ¡lo supe desde el final!. Y en el blanco en blanco del cero me quedé en ese ahora...un poco resignada, mientras veía que de bajar tanto por las calles, ya habíamos llegado hasta mi casa. Mi acompañante estacionó el auto en Plaza Egaña y me acompañó de la mano hasta el comienzo, a pesar de que mi mente seguía pensando ...
"Azul y rosado, azul y rosado".
martes, 18 de septiembre de 2007
viernes, 22 de junio de 2007
All is full of love
Las cajitas amarillas públicas llevan gente, gente de las 2 de la tarde que las llama por sus números: que ternura. El aire es tan puro que duele respirarlo; acaba de llover.
Arriba una nubes terminan sus relaciones amorosas en una carrera blanca que deja sólo una estela en la retina. Abajo, una caja grande de cuatro ruedas va tomando pasajeros por Irarrázabal. ¿Pero qué es esto?: entre las sombras sobrias que se suben aparece un hombre diferente. La edad de la inocencia atraviesa sus arrugas de los treinta. Va sonriente: ¡espanto!, todos comienzan a preguntarse por qué razón un hombre podría exponer su boca así...¿aquí?. Que horror, cuando comienza a caminar por el pasillo del bus nos deja ver sus convulsos movimientos: sus extremidades son bloques enloquecidos que no logran mantenerse en su eje. Qué espectáculo tan horrendo. ¡Los pies! se balancean tan mal, se va a caer, se va a caer el discapacitado mental...¡se cae encima de nosotros!.
Se sienta, por fin. Y sigue riendo, y sigue buscando otra risa entre nosotros. El gigante niño. Pero nadie le responde.
Que feo sonríe, ¿porqué sonríe?. Lleva una bolsa blanca. De ella saca dos pares de calcetines recién comprados. ¡Qué función, que función! los alza demasiado, ¿espera que lo felicitemos?. Que repudio...¡dientes aquí no!. En estos momentos vergonzosos no queda más que mirar hacia la ventana; y desde el mismo reflejo alcanzar aliviados la nueva IMAGEN del pobre hombre-niño tonto: simulando ser. Sin sonrisas, así nos gusta.
Arriba una nubes terminan sus relaciones amorosas en una carrera blanca que deja sólo una estela en la retina. Abajo, una caja grande de cuatro ruedas va tomando pasajeros por Irarrázabal. ¿Pero qué es esto?: entre las sombras sobrias que se suben aparece un hombre diferente. La edad de la inocencia atraviesa sus arrugas de los treinta. Va sonriente: ¡espanto!, todos comienzan a preguntarse por qué razón un hombre podría exponer su boca así...¿aquí?. Que horror, cuando comienza a caminar por el pasillo del bus nos deja ver sus convulsos movimientos: sus extremidades son bloques enloquecidos que no logran mantenerse en su eje. Qué espectáculo tan horrendo. ¡Los pies! se balancean tan mal, se va a caer, se va a caer el discapacitado mental...¡se cae encima de nosotros!.
Se sienta, por fin. Y sigue riendo, y sigue buscando otra risa entre nosotros. El gigante niño. Pero nadie le responde.
Que feo sonríe, ¿porqué sonríe?. Lleva una bolsa blanca. De ella saca dos pares de calcetines recién comprados. ¡Qué función, que función! los alza demasiado, ¿espera que lo felicitemos?. Que repudio...¡dientes aquí no!. En estos momentos vergonzosos no queda más que mirar hacia la ventana; y desde el mismo reflejo alcanzar aliviados la nueva IMAGEN del pobre hombre-niño tonto: simulando ser. Sin sonrisas, así nos gusta.
miércoles, 13 de junio de 2007
Tu, yo y el no.lugar
Sí, finalmente no soy más que una curiosa. No es necesario que me quede mirando tu pelo morado/artificial tanto tiempo, que mire cómo tu hijo te pregunta cuánto falta para que lleguen a casa, o tu increíble producción en este día miercoles. Sí, se que te enferma cuando me miras y sólo logras alcanzarme cuando estoy volviendo los ojos hacia otro lugar, como si hubieras sido un punto más de la infinitud que existen a lo largo de todo mi escaneo visual.
Sí, no me importas y no te recordaré más allá de lo que te demores en desaparecer de este espacio público. Sí, no te apenes, pero te puedo reemplazar por otro en cualquier momento. Y sí, han habido y habrán tantos como tu. No hay compromisos querido. No hay nada más en ti que unos cuandos cuadros que me divierten en mi camino. No hay relaciones duraderas cuando no hay lugares, cuando hay no.lugares.
De paso. Te exprimo por diversión, logro captar la profundidad de tu superficie. Tan cobarde como para no mantener la mirada cuando tú me la diriges. Tan irrelevante como para merecer que la mantenga cuando tú me la diriges. Sólo de paso.
En fin, eres mi extraño favorito ahora.
Sí, no me importas y no te recordaré más allá de lo que te demores en desaparecer de este espacio público. Sí, no te apenes, pero te puedo reemplazar por otro en cualquier momento. Y sí, han habido y habrán tantos como tu. No hay compromisos querido. No hay nada más en ti que unos cuandos cuadros que me divierten en mi camino. No hay relaciones duraderas cuando no hay lugares, cuando hay no.lugares.
De paso. Te exprimo por diversión, logro captar la profundidad de tu superficie. Tan cobarde como para no mantener la mirada cuando tú me la diriges. Tan irrelevante como para merecer que la mantenga cuando tú me la diriges. Sólo de paso.
En fin, eres mi extraño favorito ahora.
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